Cueva del Aire en Bedmar (Jaén)

Como se puede apreciar en la foto, la "Cueva del aire" es una oquedad situada en medio de la pared de la Serrezuela de Bedmar, sobre el mismo pueblo y que es bien visible y reconocible por tener construida una especie de muralla árabe que parece querer taparla, pero sin conseguirlo del todo. Cuenta la leyenda que esta cueva estaba comunicada a través de túneles con el mismo castillo, próximo a la misma, sirviendo de refugio en tiempos difíciles de conquistas y reconquistas, pero nadie ha podido confirmar tal extremo (aunque nunca se sabe).

Para acceder a la misma hay que subir por detrás de ella por una especie de barranco llamado "El Canalizo", todo de piedra caliza pura, que nos dejará a unos 30 mts. por encima de la misma, desde donde habrá que bajar apoyandose en las múltiples repisas que encontraremos o haciendo un ligero rapel. Para acceder a la cueva propiamente dicha desde el murallón construido en la entrada, se deberá pasar por una inclinada y angosta "gatera" de unos 3 mts. de largo por la que sólo se podrá bajar dejándose caer, pues tiene el espacio justo para el paso de una persona con los brazos pegados al cuerpo. Una vez dentro, accederemos a un rellano por el que habrá que caminar agachados, y que nos lleva a una especie de puente natural de piedra desde el que deberemos descolgarnos con cuerdas o escalas hasta un punto inferior que ya nos dará acceso, a pié y sin grandes complicaciones, al resto del habitáculo que más bien tiene forma de gran pozo, amplio y muy alto, oscuro y silencioso. Por aquí y por allá encontraremos túneles y chimeneas que no parecen conducir a sitio alguno, así como grandes columnas originadas por la unión de estalactitas y estalagmitas, algunas de ellas en forma laminar que emiten un sonido como de campana cuando son ligeramente golpeadas, y que han sido formadas por las acumulaciones calcáreas que el agua filtrada ha ido arrastrando durante incansables siglos de silenciosa labor.

Quien estas palabras escribe ha estado dentro y sin ser en modo alguno experto en la materia y usando un material muy rudimentario tanto de escalada como de iluminación (poco más que unas bastas sogas y unas pobres linternas), puede afirmar que la exploración de esta cueva no es demasiado complicada pero sí en cambio muy bonita y gratificante y probablemente apta para todo tipo de personal que no busque el riesgo extremo. En todo caso, aconsejo encarecidamente a quien se decida a visitarla se provea del necesario material, asesoramiento y conocimientos, absolutamente imprescindibles para este tipo de actividad, pues atreverse a hacerlo sin las medidas de seguridad adecuadas es una temeridad innecesaria que puede convertir una deliciosa jornada en una desagradable experiencia.


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